El animador marista, la animadora marista
Si eres alguien en búsqueda, con limitaciones y esperanzas, responsable, audaz, valiente y austero: inmerso en la gran familia humana, participas, igual que tantos, en las alegrías y esperanzas de sus corazones, que anhelan, como tú, un mundo más justo, más humano y fraternal. Si tu vida y tu trabajo entre los niños y jóvenes, en el colegio, en la calle, en los grupos… quieren ser una presencia para compartir todo lo que eres y tienes.

Si eres alguien portador de valores para compartir (abierto, disponible, acogedor, solidario): fiel a la institución de Marcelino Champagnat, siempre dispuesto a responder a las necesidades de quienes vivían con él, te sientes llamado a compartir su alegría en solidaridad con los problemas y las alegrías de los otros, acogiendo a quien se encuentra más necesitado de ayuda.

Si eres alguien que se pone en camino hacia la madurez en Cristo. Si la plenitud en Cristo, la de tu ser de animador, te llama al crecimiento y a la conversión constante.

Si eres alguien trabajador y creativo entre tus hermanos: si el trabajo, condición de tu vida, te sitúa ante la permanente posibilidad de crear con tus manos, tus ideas, tus palabras y tu mismo ser, el mundo deseado por Dios para todos los hombres, no sin el riesgo del activismo o la rutina. Si el trabajo personal y en equipo, te ofrece la posibilidad de un trato constante con los otros, como una relación de servicio que, aunque te plantea exigencias cada día, también te enriquece, al descubrir que tu vida tiene sentido en la medida que es para los otros.

Entonces eres,
UN ANIMADOR MARISTA

Caminando tras Marcelino

La llamada, la luz interior que inquieta el corazón y lo abre al exterior, es el descubrimiento de la tarea que Marcelino empezó, y ha llegado hasta nosotros a través de los Hermanitos de María.

De la mano de nuestra bondadosa Madre, iniciamos un camino de crecimiento interior, en el que el corazón se vuelve acogedor de la voluntad de Dios, que nos lleva a los más desatendidos, sin echarnos atrás, porque estamos convencidos de lo que Dios quiere.

La llamada a vivir el Evangelio como María, en la escuela de Marcelino, es personal y exige una opción personal, que compromete todos nuestros talentos a favor del Reino de Dios.

La primera respuesta válida es la conversión del corazón. La llamada se convierte en un reto. Solo podremos transformar nuestro ambiente si nos renovamos desde lo más profundo, en una conversión constante.

Por eso, al plantear nuestra actuación y nuestro ser de animadores y animadoras, constatamos que solo podremos hacer “honrados ciudadanos” y “buenos cristianos” en la medida en que nos convirtamos en modelo vivo para los demás.

He aquí el reto: transformar la sociedad con una presencia constante y directa entre los jóvenes.

Hoy, la fidelidad al carisma heredado de Marcelino, nos revela la exigencia de salir de nuestro pequeño círculo.

Ciertamente es importante trabajar en los colegios y en las obras del instituto marista. Pero la llamada es mucho más amplia: dedicarse también a aquellos a quienes los hermanos no llegan, y a los que son desatendidos por la sociedad o las instituciones de la iglesia.

Es necesario iniciar un proceso de discernimiento, personalmente y como grupo de animadores, en coordinación con los hermanos, para captar las invitaciones de Dios a favor de los más pequeños de la sociedad.

El padre Champagnat encarna el celo evangélico que acierta a dar respuestas adecuadas a los problemas concretos. Cree, ante todo, que la oración hace dócil, a la llamada de Dios, el corazón de los niños y de los jóvenes. Para Marcelino Champagnat el ejemplo y la presencia prolongada son elementos importantes de la pedagogía marista.

Estas son los retos que se nos proponen como estilo de presencia:
 • El amor a los niños y a los jóvenes hasta el punto de desear siempre para ellos lo mejor.
 • El buen ejemplo y la presencia prolongada, ya que las actitudes y los criterios de la vida se aprenden en el trato y el diálogo confiado.
 • Y la oración y escucha diaria de la palabra como lugar en que se descubren las intuiciones auténticas y se hace fecundo el trabajo apostólico.

Somos conscientes de que , siendo animadores de niños y jóvenes, desempeñamos un verdadero ministerio (servicio)eclesial, y de que no podemos dar lo que no tenemos; por eso consideramos vitales para nosotros la formación y el crecimiento personal, apoyados en una comunidad donde podamos vivir nuestra fe y compartir nuestras riquezas personales para estimular nuestro crecimiento…

Toda nuestra vida y acción está empapada de un estilo especial, como la de Maria. Ella es nuestro modelo en la escucha y en la respuesta, en la acción y en el apostolado; nuestro recurso en los momentos difíciles y nuestra mayor alegría siempre.

Continuar el carisma de Marcelino

Como Marcelino, estamos llamados a ocupar los tres primeros puestos con sencillez:
 • Ante el altar: haciendo de nuestras celebraciones algo realmente vivo, donde Dios nos muestre su amor a toda la comunidad para hacernos disponibles a su acción.
 • Ante el pesebre: estando en total disponibilidad, con amor, allí donde más se nos necesite.
 • Ante la cruz: estando siempre al lado del dolor, acogiendo y sirviendo al que sufre y al necesitado.

Todavía podemos hacer más: hablemos con los hermanos para enriquecernos, pero también para comentarles esas cosas que creemos que no marchan bien. Colaboremos generosamente con ellos e insistamos con todo amor y delicadeza, ofreciéndoles nuestra presencia disponible, porque también ellos nos necesitan.

El Padre nos llama desde esas realidades que nos rodean, y que muchas veces no sabemos ver: nos hemos acostumbrado a ver que las cosas “siempre han funcionado igual” pero creemos, y queremos, que algún día sonará otra voz. ¡No! Él nos llama aquí y ahora, en esas cosas que jamás cambiarán si no somos capaces de sumergirnos en ellas hoy, con una presencia creativa.

Marcelino intentó dar respuesta a todas las necesidades que encontraba en su camino. ¿Qué hacemos nosotros? ¡Basta ya de solo seguir soñando en el futuro! El Padre está a nuestra puerta llamando, ahora: en nuestros chavales, en el anciano sin casa, en la parroquia desatendida… ¿le abriremos?

Sorprendámonos de la sencillez de nuestro Dios: ¡Sólo pide de nosotros unos ojos atentos, unos oídos que escuchen, unas manos abiertas y un corazón acogedor y disponible! Para continuar su obra aquí y ahora.

¡Ojalá sea cierto, entre los animadores maristas, eso que pedía el padre Champagnat a los hermanos en el testamento espiritual: “¡No haya entre vosotros sino un solo corazón y un mismo espíritu, y que se pueda decir de vosotros: “mirad cómo se aman”!

(Texto de motivación del Encuentro Nacional de Animador@s 2007)

SUBIR ^
Los Maristas | Marcelino Champagnat | En España | Noticias | Publicaciones
Profesorado | Animador@s | Lema del Año | Presencias y obras | Fotos | Enlaces
Contacta con la CME
© Diseño y Mantenimiento: ACerca COmunicación