Vocación Marista
 
Laicado



Vocación de un laico marista. Testimonio de Roberto González, Valladolid, provincia de Compostela

Ya hace unos meses que viví una anécdota que creo me puede ayudar a introducir el relato de mi experiencia de vida marista. Como muchos viernes, me encontraba en el despacho de la Residencia Provincial trabajando en compañía de dos hermanos. Es habitual en esta casa encontrarse con hermanos que están de paso, o bien de visita. En esta ocasión un hermano entró en el despacho y con la misma familiaridad que siempre, los que estábamos allí nos levantamos para presentarnos y saludarle. Este hermano se acercó a mí y me preguntó:-¿también tú eres marista? (creo que me quería preguntar si era hermano marista) Y yo le respondí:- Sí, soy marista. Uno de los hermanos allí presentes asintió y matizó: - es marista, laico marista; es decir, con otros votos.

Este encuentro no me dejó indiferente y de regreso a casa fui pensando en mi respuesta: -Sí, soy marista. Lo cierto es que esa expresión salió de lo más profundo de mi ser y me sentí reconocido al expresarme de esa forma.

Mi historia comienza en el colegio marista Centro Cultural Vallisoletano. Allí estuve ocho años como alumno y aún hoy me invaden gratos recuerdos de las clases, del juego en el patio y de los encuentros y conversaciones con algunos hermanos. Yo era un chico que no destacaba demasiado, de los que pasaban más bien inadvertidos; pero en mi historia se cruzó la de un hermano marista que vio algo en mí que nadie nunca había visto. Hoy recuerdo mis catorce años como un momento de despertar a un mundo apasionante. Este hermano, de alguna manera me ayudó a caer en la cuenta del potencial que yo tenía como persona. El hecho de sentirme valorado por personas que no pertenecían ni a mi ámbito familiar ni a mi círculo de amigos y el ir descubriendo que en la apertura al otro había algo que me llenaba, fue lo que me impulsó a ir al seminario. Allí estuve tres años en los que aprendí muchísimo de la vida, de Champagnat y de los hermanos. Fueron tres años de descubrimiento, de crecimiento intenso y de experiencias que han marcado muy significativamente mi vida. La convivencia diaria con mis compañeros y con los hermanos, la oración, el trabajo y el contacto con realidades sociales (como las de los niños con dificultades a los que dábamos catequesis en una residencia de acogida cercana a nuestra casa) me iban ayudando a desplegar todas las capacidades que tengo y a ser quien soy. Recuerdo con especial cariño una conversación con un hermano el día que le comuniqué mi decisión de no ir al noviciado. Hablando con aquel hermano me sentí acogido, comprendido y animado. Después de comentarle las razones que me habían llevado a tomar esa decisión, él me dijo: Dios quiere que seas feliz y lo importante es que encuentres el camino y la opción de vida que te sirva para ello. Estate atento a lo que sientas y déjate interpelar por la vida y lo que acontece. Desde entonces, estas palabras han estado resonando en mi interior.

Durante mi vida de universitario, seguí manteniendo contacto con el mundo de la animación juvenil tanto en mi parroquia, como con algunos grupos juveniles maristas. Por aquél entonces, un grupo de amigos, animadores de grupos MarCha, nos lanzamos a la creación de un grupo musical: ESPECIE´. Comenzamos actuando en certámenes musicales organizados por la diócesis y evolucionamos como banda de Rock; llegando a grabar maquetas y discos y a actuar en directo en más de 100 ocasiones entre 1993 y 1997 (recuerdo la presencia de un hermano marista en alguno de ellos).

Ésta fue una época muy creativa y llena de experiencias personales, pero sobre todo grupales. La pertenencia a este grupo nos llevaba a escribir y componer juntos, a dar lo mejor de cada uno de nosotros, a disfrutar de los buenos momentos y a superar dificultades. A través de la música, expresábamos lo más profundo e intenso de nuestras experiencias y sentimientos. Ya entonces, me daba cuenta de que gran parte de lo que había detrás de cada canción venía de nuestra experiencia como alumnos y animadores maristas. Hoy día, como educador, soy consciente de lo mucho que aprendí en esos años de pertenencia a ESPECIE´: resolver conflictos, perseguir sueños, expresar sentimientos, trabajar en equipo y apreciar que el resultado final, una canción, era mucho mejor que la interpretación de cualquier instrumento por separado.

Hace aproximadamente ocho años (yo tenía 25) que los hermanos me ofrecieron una plaza como profesor en el colegio marista Centro Cultural Vallisoletano (del cual había sido alumno). Un año antes, tras finalizar mis estudios de Química en la universidad, les manifesté a algunos hermanos mi deseo de dedicarme a la enseñanza y mi disponibilidad para ello. Llevaba menos de un año en el colegio cuando me ofrecieron formar parte del Equipo de Animación Provincial y desde entonces, he venido desarrollando mi vocación de educador y animador marista en el colegio y en los procesos juveniles.

Sí, soy marista. Me siento marista porque cuando hablo de una obra marista utilizo la primera persona del plural (nuestros colegios, nuestros grupos...). Me siento marista porque siento cómo mi corazón late y vibra con los niños y jóvenes, con sus ilusiones, con sus problemas, con sus preocupaciones; en definitiva, con sus realidades. Porque me identifico con el sueño y el proyecto de Marcelino Champagnat.

Soy marista porque vivo mi tarea de educador como mi vocación y no como un trabajo. Más como una misión, que como una profesión. Y porque, como todas las vocaciones, la mía también ha sido puesta a prueba y yo he elegido seguir siendo educador marista aún teniendo la posibilidad de dedicarme a otras cosas. Y cuánto me alegro de haber vivido esos momentos en los que debía optar, porque de ellos he salido reafirmado y fortalecido.

Le estoy agradecido a Dios por mi vida, por mi vocación de educador marista, por hacer que el amor se concretara de manera especial en una relación maravillosa con la que hoy es mi mujer (María).

Cuando pienso en los momentos más significativos de mi vida, me doy cuenta que en casi todos ha estado presente alguno o algunos hermanos y laicos maristas, y de muy diversas formas (escucha, presencia, apoyo, crecimiento, compañía...)

Sí, soy marista. Y soy feliz así porque en la familia marista he tenido la posibilidad de desplegarme y crecer, conocerme y amarme como soy, porque puedo SER.

¡Y sueño! Sueño con seguir compartiendo vida y misión con hermanos y laicos con los que me siento muy en comunión. Sueño con una escuela marista llena de vitalidad y que sea buena noticia para la vida de los niños y jóvenes de nuestro tiempo.

“Como siendo el cuerpo de un gran ave alado,
giraré mis alas con rumbo marcado.
Soñando, de nuevo,
llegaré a rozar las cumbres con mis pies”
Cumbres. ESPECIE`





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