Testimonio de Patricia

El Tesoro

11 Abr, 2019

Testimonios
a.prieto

Había una vez una gran comunidad de magos antiquísimos llamados, Hermanos Maristas, que estaban repartidos por todo el mundo. Se dedicaban a enseñar trucos de magia a pequeñas criaturas muy especiales, todas y cada una de ellas eran únicas e irrepetibles. No se parecían ninguna a otra. Debido a las grandes y diferentes necesidades de estos pequeños seres, los magos se vieron en la necesidad de compartir con estas preciosas criaturas el don más preciado que ellos tenían. Un tesoro, un tesoro tan grande que lo conocían por todo el mundo. El Tesoro empezó a ser muy apreciado por estas pequeñas criaturas. Mejoraban cada día sabiendo que el regalo más grande de los magos, no eran solo sus cuidados y su presencia sino este gran tesoro que iba a estar con ellos siempre. El Tesoro cuidaba también de cada uno de los seres y les enseñaba a amarse entre ellos a pesar de que fueran de diferentes especies.
Pasaban los años y la comunidad de magos iba disminuyendo. Tenían muchas y grandes historias que compartir pero, no llegaban a atender todas las necesidades de las pequeñas criaturas. Después de varios años pensando que harían con su Tesoro y su legado, decidieron empezar a tratar con otros seres bastante especiales y raros, con diferentes cualidades y talentos. Esta especie de igual tamaño a los magos, fueron convirtiéndose en grandes aprendices de magos, cada uno tenía un poder que debía poner al servicio de la gran comunidad que estaba resurgiendo.
Resultó que con el paso de los años, el mundo en el que todos vivían, se estaba olvidando de la existencia del Tesoro. Esto provocó un cambio tan grande en la profundidad del interior de cada ser de ese mundo, que incluso los aprendices de magos, los magos y las pequeñas criaturas se vieron envueltos en una vorágine de trucos y nuevas tareas específicas que no les dejaban tiempo para cuidar, adorar y confiar en el gran Tesoro y su magia.
Un día, en una de las reuniones de los grandes magos, uno de ellos propuso hacer una escuela, no solo para las pequeñas criaturas sino también para las dos especies que estaban conviviendo en la nueva comunidad de magos Maristas. Vieron necesario reunir a magos especializados, a magos profesionales tanto de la comunidad original como de la emergente en tiempos posteriores para transmitir los grandes trucos acerca del Tesoro y la gran importancia del mismo. Este era el gran legado que debían preservar a toda costa.
Varios de los grandes magos decidieron que lo mejor era unir a 25 de magos de diferentes regiones, durante dos semanas y hacerlos salir de su día a día para que pudieran parar y pensar. Pensar en sus pequeñas criaturas y en cómo enseñarles la gran magia que se escondía detrás del Tesoro y el propio Tesoro en sí mismo. Después volverían a sus realidades cotidianas y gracias a la magia recibida y compartida podrían transmitirla a los demás magos y así todos los habitantes de las diferentes escuelas de magia mundo, podrían volver a vivir con una mayor plenitud.
La primera de las semanas transcurrió en un paraje de lo más mágico, un castillo-monasterio medieval, con grandes historias que contar acerca de los magos que allí vivieron, varios fueron fusilados por cuidar al Tesoro. Está realidad, más todos los magos que les enseñaron y transmitieron sus conocimientos, hicieron de la primera semana un despertar en las conciencias de los nuevos responsables de la magia del Tesoro. La segunda semana se llevó a cabo en un edificio antiguo y compartido por varias especialidades de magos. Las comunidades originales de ambos sitios fueron de lo más acogedoras con los que serían los responsables.
Iban pasando los días, ellos iban reflexionando y aprendiendo, apuntando y pensando como se llevarían a la práctica esos trucos en sus escuelas y quiénes enseñarían la magia del Tesoro.
Estos responsables hicieron un grupo de magos muy unido e hicieron la promesa de volverse a reunir y seguir compartiendo la magia del Tesoro y la suya personal.
La realidad volvió y estos nuevos seres encargados, llegaron a sus escuelas con ganas y deseos de compartir los trucos y hablar de la importancia de poner al Tesoro más presente en nuestras realidades y en la de nuestras pequeñas criaturas.
Y hasta aquí llega el cuento, esperemos que nuestro Tesoro y su magia llegue a todos nuestras escuelas.
Continuará o debería por lo menos...
 

Patricia Real Ochoa. Colegio Chamberí. Madrid. Prov. Ibérica.



Autor foto: 
Pere Borrás
Pie de foto: 
Participantes de la Provincia de Ibérica en la acción formativa de la Enseñanza Religiosa Escolar.