Testimonio de Mª José

Nos habíamos transformado en una pequeña familia.

08 Jun, 2018

Testimonios
a.prieto

Todo empieza cuando mi director me llama a su despacho a finales del curso pasado: “Mª José cuando puedas te pasas por mí despacho que tengo que hablar contigo”, cuando llego allí me informa de que han pensado en mí para realizar el curso de Pastoral de la CME. No recuerdo muy bien qué fue lo que se me pasó en ese momento por mí cabeza, qué sentí, pero algo así como un “un curso más”, “una nueva experiencia”, “otra oportunidad de crecimiento”.
Claro desde que te informan hasta que llega la convocatoria ni te vuelves a acordar de que tienes que ir; pero llega el correo con la información: la carta de presentación, el listado de participantes, una lectura y, como no, un documento que nos acompañará las tres semana de curso la RLT.
Llega la primera semana del curso en la Residencia Marista de Valladolid. Los nervios son evidentes para afrontar una semana con gente a la que no conoces, sin saber muy bien en qué va a consistir eso de Responsables de la Pastoral. Pero entonces llegas, te acogen y desde el primer momento te hacen sentir como en casa. Empiezas a conocer al grupo, las dinámicas de presentación hacen que descubra que todos están como yo y poco a poco, desde el primer día, te hacen que te muestres tal y como eres, que todo fluya con naturalidad.
La formación de la primera semana corre a cargo del Equipo de Pastoral de Compostela. Juego en casa porque conozco a todos los formadores, pero aun así descubro nuevos puntos de vista, nuevas vivencias. Junto a Eladio Díaz, Roberto González, Raúl Figuera, Lisardo y Pedro José analizamos la realidad que nos rodea, dimos cristología, hablamos de opciones pastorales, profundizamos en nuestra persona, hablamos de la entrevista y como no de ser maristas.
Cuando terminamos esta primera semana ya teníamos ganas de la segunda, ya hablábamos de lo lejos que quedaba febrero y empezábamos a organizar el viaje para el reencuentro: ¡ya habíamos formado grupo! Los ratos de sobremesa se hacían más largos, los descansos se nos hacían cortos; jugamos a adivinar números, paseamos por Valladolid, cenamos en una bodega, bridamos todos juntos, descubrimos el karaoke… Comenzamos a compartir vida.
Así que llegué a Córdoba con muchas ganas de volver a encontrarme con la gente, de aprender de todos, de compartir experiencias, de seguir creciendo. Y no me defraudaron para nada. El lugar espectacular, un entorno perfecto; una casa (Maimón) preciosa; una cariñosa acogida por parte de todos: volvíamos a estar en casa.
El Equipo Provincial de Pastoral de Mediterránea se ocupó de que esta semana no nos perdiéramos. Nos instruyeron en el proceso evangelizador, en la competencia espiritual, nos hablaron de las TIC en la pastoral, de las estructuras evangelizadoras, de la importancia del trabajo en equipo, de las convivencias y las celebraciones desde el punto de vista de la pastoral. Unos contenidos que quedarían vacíos sin mencionar al gran grupo de personas que nos acompañó en esa ruta: Javi, Juan Pablo, Cristina y Paco, Arturo y Carlos, y José A.
Recuerdo una semana muy especial; cargada de risas; de compartir experiencias; ver juntos La llamada, salir al descanso y cargarte de energía con el sol, el paseo por Córdoba, entrar en la Catedral-Mezquita, paseos después de comer, después de cenar; un tiesto que había que meter en la maleta; momentos muy intensos, como la celebración que preparamos entre todos, más karaoke. Ya éramos más que un grupo, entre nosotros había complicidad, confianza, habíamos formado algo.
Al despedirnos de Córdoba sabíamos que la tercera semana en Les Avellanes estaba muy cerca y la ansiedad por reencontrarnos se palpaba en el ambiente durante la preparación de los viajes, sabiendo que iba a haber ausencias pero que estarían muy presentes entre nosotros toda la semana. Una vez allí, vaya paraje, vaya entorno: un lugar perfecto para seguir creciendo y compartiendo vida. El Equipo de Pastoral del Hermitage nos guio en esta ocasión por un camino más personal, con acompañantes como Josep María, Ángel, Anna, Jordi, Pep Ramón y Manel. Abordamos temas como la ambientación y la decoración, la educación para el desarrollo y SED, nuestra identidad como coordinadores de pastoral, técnicas para dinamizar los grupos, la planificación pastoral en el centro.
Vivimos momentos como la subida a Montealegre, un tiempo de retiro personal, la visita al monasterio, las oraciones en pou del gel, el camino a la imagen de Nuestra Señora, comidas compartidas con la comunidad de hermanos, la visita a Pas a Pas y Calidoscopi, la Seu Vella y la subida a su torre, juegos por la noche… Nos habíamos transformado en una pequeña familia.
Todos estos recuerdos, estas experiencias, este crecimiento personal no hubiera sido posible sin Ángel y Andreu, dos grandes personas que han hecho posible con su presencia, su cercanía, sus palabras que la familia marista siga creciendo y se conozca, comparta vida y experiencias. Y la mejor forma de agradeceros todo lo recibido estas semanas es llevarlo a mi entorno, compartirlo con los que me rodean, transmitiendo la energía que he recibido. Gracias Ángel, Andreu, Ricardo, Montse, Manu, Alex, Fernando, Adolfo, Marta, Begoña, Lucía, Alfredo, Cristina, Jaime, Mariví, Vanesa, Carmen, Mª Carmen, Ana, Manolo, Rafa, y Fernando por formar parte de mi vida.

María José Avendaño Muñoz. Colegio Santa María. Ourense. Prov. Compostela. 



Autor foto: 
Ángel Prieto Hernández
Pie de foto: 
Participantes de la Provincia Compostela en la acción formativa de Animación Pastoral.