Testimonio de Ingrid

El sentimiento de pertenecer a una comunidad

04 Abr, 2019

Testimonios
a.prieto

En agosto de 2018 dejé mi cargo como jefa de estudios de Maristes Igualada. No puedo negar que, aunque el cargo es más que recomendable para todo el mundo, sentí que la llave del despacho que le entregaba a la persona que tomaba el relevo pesaba muchísimo.
De pronto me di cuenta de que el lugar que tenía que volver a ocupar era el que durante 16 años ya había ocupado: ahora podía volver a ser tutora de un grupo. Esto implicaba acercarme más a las realidades específicas de cada alumno/a del grupo de tercero y tener la oportunidad de conocer a las familias y sus realidades. También sabía que, en un periodo de 7 años como jefa de estudios, las formas de afrontar una tutoría habían cambiado mucho.
Son éstos los momentos en que te das cuenta de que la formación no solo es importante, sino también necesaria. La posibilidad de participar en el curso de Valladolid me venía como anillo al dedo, ya que no se trataba exclusivamente de participar en un curso, sino tener la posibilidad de compartir experiencias y sueños con otros compañeros de trabajo.
Llegó el día indicado para emprender el viaje: 20 de enero por la tarde. Tenía que encontrarme en el aeropuerto con Teresa i Eva, a quien no conocía. Son profesoras de escuelas que se han incorporado recientemente al mundo Marista y tenías algunas dudas sobre cómo funcionaban este tipo de cursos. Les expliqué lo que supe para tranquilizarlas, aunque no sé si con mucho éxito...
Subimos al avión las tres. Eva y yo nos sentamos juntas, pero a Teresa le tocó ir a los asientos de al lado y entre ella y nosotras teníamos sentado un señor que entabló conversación con otro pasajero que teníamos en la fila de detrás. Al llegar a Valladolid, no obstante, la sorpresa fue que aquel señor también se subió al coche con el hermano Andreu... quería gastarnos una broma... ¡hombres!
Por fin llegamos a la casa y ya nos sentamos a comer. Allí es donde uno se da cuenta de que, en realidad, el espíritu de familia no es una martingala. Todo el mundo empezó a hablar con todo el mundo, como si fuera una cena con amigos que hace tiempo que no ves. Fue una sensación de que yo ya conocía a aquella gente. Además, habiendo participado anteriormente en formaciones de la CME, podía preguntar por personas de otros lugares y hablar de ellos. Creo que aquí es donde encontramos el valor verdadero de estas formaciones: el sentimiento de pertenecer a una comunidad, seas como seas.
Obviamente este sentimiento va creciendo a medida que pasan las horas y los días. Estando ahí, te sientes bien, te sientes valorado, sobre todo cuando ves que Ángel y Andreu hacen todo lo posible para que te sientas así. Es realmente de agradecer tener la seguridad de que cualquier cosa que puedas necesitar, la puedes pedir.
En cuanto a la formación en sí, se puede decir que todos los formadores intentaron dar lo mejor de ellos. Eran generosos con el material que proporcionaban y por encima de todo, las experiencias personales que aportaban, buenas y malas. Eran personas auténticas que no vienen a dar lecciones de nada, sino que invitan a la reflexión y al diálogo para que cada participante se lleve aquello que pueda necesitar.
De todos modos, sí me gustaría destacar a Feli por la fuerza que nos transmitió. No podemos negar que 8 horas de clase al día, al final, podían resultar duras, pero con ella, el tiempo pasaba y no nos dábamos cuenta. Sus historias y anécdotas eran realmente lecciones de vida y a todos nos dejaron huella.
 

Ingrid March Riba. Colegio Maristes Igualdad. Igualada (Barcelona). Prov L'Hermitage.



Autor foto: 
Ángel Prieto Hernández
Pie de foto: 
Participantes de la Provincia de L'Hermitage en la acción formativa de la Acción tutorial de Secundaria-Bachillerato-Ciclos.