Marcos y la Morriña

La identidad debe manar de la experiencia, no del conocimiento.

21 Jun, 2019

Testimonios
a.prieto

La tercera semana del curso de función directiva ha sido un cóctel perfecto de intensidad, emoción y tristeza, o más bien del nacimiento de aquello que en Galicia llamamos “morriña”. El trimestre había sido largo, me sentía agotado, pero la semana de formación nos iba a proporcionar un tiempo para parar, reflexionar y construir juntos, un tiempo para soñar, aprender y situarnos ante el nuevo papel que tarde o temprano nos espera en nuestras realidades locales.
Como ya imaginábamos, la semana sería intensa. Para mí, lo mejor del lunes siempre es encontrarse con los compañeros a la hora del desayuno, los saludos, abrazos y primeras conversaciones, pero rápidamente comenzaríamos las sesiones maratonianas de formación. Tocaba innovación con Jaime Feo, que nos enseñó que la innovación debe ser una apuesta transversal del centro, así como, a estar alerta a las tendencias y al posicionamiento del mercado.

El martes nos visitó Rafa Ruiz y nos pusimos la corbata para hablar de cultura de centro y de los objetivos “Smart” (no es sólo un coche, ni una TV inteligente) de nuestros planes estratégicos: específicos, medibles, alcanzables, realistas y oportunos.

El miércoles por la mañana, el hermano Álex Mena se mostró arrollador y carismático en su sesión sobre identidad marista. Me quedo con una frase: “la identidad debe manar de la experiencia, no del conocimiento”. Por la tarde, nos subimos al autobús para visitar la “Casa Grande” en Torrejón de Ardoz y el pueblo de Chinchón, que todavía recuerda con mucho cariño la presencia y la escuela que los Hermanos Maristas tuvieron en el pueblo en los años 30. Allí, descubrimos la calle con más tráfico de Madrid, “una iglesia sin torre y una torre sin iglesia” y una maravillosa plaza en la que disfrutamos de una cena genial ¡qué rico estaba todo!

El jueves regresamos a la rutina con Rafa García y la labor del equipo de RR.HH. en las distintas provincias maristas. También dispusimos de un tiempo para compartir BB.PP. de los equipos directivos de nuestros colegios: compañeros, ¡sois todos unos cracks! Por la noche, a la hora de la cena, compartimos la comida típica de cada zona: crespines, butifarra, morcilla, torta del casar, aceite de Priego, “piononos”, “gildas”, vino de Oporto, ratafía, etc. Fue un símbolo muy potente, como dejar algo propio, en cada uno de los otros. Y para terminar el día, karaoke, fotografías de la semana y emoción a raudales.

El viernes era un día especial. Tocaba despedida, pero antes, una clase magistral de nuestro querido Ángel ¿Cómo sobrevivir a un cargo directivo? Un par de consejos: buscar tiempo para uno mismo y para la oración, ser capar de anticiparse a cualquier acción y ser fiel a uno mismo.

En fin, que todo se acaba, pero antes toca dar las gracias: a Ángel y Andreu por vuestro acompañamiento estas tres semanas, sois un ejemplo de lo que significa ser marista, gracias a vosotros, la casa de Madrid se ha convertido en un hogar para todos nosotros. Gracias también a nuestras queridas cocineras, por cuidarnos tanto y por su alegría contagiosa. Por último, gracias a todos mis compañeros, este tiempo compartido ha sido especial, ya sois parte de mi familia, os deseo lo mejor y espero que volvamos a encontrarnos en el camino de la vida, una vez que la fruta ya esté madura.
Un abrazo a todos.
 

Marcos Rodríguez Vázquez. Colegio La Inmaculada. Lugo. Prov. Compostela



Autor foto: 
José María Martín
Pie de foto: 
Participantes de la Provincia de Compostela en la acción formativa de Función directiva.