Los Maristas

Los hermanos maristas somos hermanos consagrados a Dios, que seguimos a Jesús al estilo de María, que vivimos en comunidad y que nos dedicamos especialmente a la educación de los niños, niñas y jóvenes, con más atención hacia aquellos que más lo necesitan. Fuimos fundados por San Marcelino Champagnat (1789-1840), sacerdote francés, en 1817.

Somos 3.071 hermanos diseminados en 81 países de los cinco continentes. Compartimos nuestra tarea de manera directa con más de 70.000 laicos y atendemos a más de 650.000 niños y jóvenes.

El itinerario marista comprende las siguientes etapas: discernir la vocación, postular el ingreso en comunidades de formación, vivir un tiempo de noviciado que culmina con la profesión de los votos o compromisos, proseguir un período de formación académica para las tareas que se desempeñarán en los años sucesivos e iniciar de manera directa su dedicación a los niños, niñas y jóvenes en las más diversas situaciones, consciente de que su servicio constituye un valor inestimable.

América Central
Oceanía
Granada
Tailandia


Sociedad de María
Ser marista significa tener una visión de Iglesia como María, estar al servicio de los demás con una presencia atenta y discreta: presencia de amor, de vida, de alegría y de esperanza.

Origen del proyecto
El proyecto de fundar una sociedad religiosa bajo la protección de María nace en el seminario mayor de Lyon, en torno a 1816. Marcelino entra en el seminario junto con Juan Claudio Colin y Juan María Vianney. Al día siguiente de su ordenación como sacerdotes suben al santuario de Fourvière con otros compañeros más, y se consagran a María, prometiendo solemnemente trabajar con todas sus fuerzas para fundar la Sociedad de María (en contraposición a la Sociedad de Jesús, o jesuitas, perseguida y anulada por la Iglesia).

Ramas de la Sociedad de María
El proyecto daría origen a varias congregaciones religiosas y a una confraternidad de laicos. Marcelino, desde el principio, manifestó su convicción de que la sociedad debía incluir una rama de hermanos dedicados a la enseñanza, que trabajasen con los niños que se veían privados de educación cristiana en apartadas zonas rurales.

Roma se opuso a la unión de todas las ramas en una sola institución, y así se crearon: los Padres de la Sociedad de María o Padres Maristas, fundada por el padre Juan Claudio Colin, los Hermanos Maristas de la Enseñanza, fundada por el padre Marcelino Champagnat, y las Hermanas Maristas, fundada por Juana María Chavoin. En el año 1857 se funda la cuarta congregación, nacida en 1836 al partir los primeros padres maristas hacía Oceanía y ver la necesaria presencia femenina, las Hermanas Misioneras de la Sociedad de María, de acción enteramente misionera.

Y por último, las Fraternidades Maristas, sucesoras de la tercera orden marista. La espiritualidad de estos lacios no es otra que la de dar a conocer que el reino de Dios comienza en la vida cotidiana. Orar y obrar son los ejes de las fraternidades.

Siendo España el país de Europa donde la familia marista es más numerosa, no deja de ser llamativo que el origen de la primera fundación marista en España no se produjese de forma intencionada, sino más bien circunstancial.

Las primeras fundaciones, una buena acogida
Los primeros hermanos que llegan a España, en torno al mes de diciembre de 1886, lo hacen a través de Gerona y con la idea de aprender castellano para desplazarse luego a misionar en Buenos Aires. El retraso de la salida a Argentina hace que la estancia temporal se transforme en la simiente del Instituto marista en España. En junio de 1887 empiezan a dar clases, y en septiembre el número de alumnos llega a 120. En menos de un año, la decisión es definitiva y nuestro país se convierte en una «colonia» marista que crecerá rápidamente.

Mapa de las Provincias Maristas en España

Las fundaciones posteriores, que se suceden a partir de Gerona, no forman parte de un plan estratégico preestablecido: se trata de un fenómeno espontáneo que se sucede al compás de una serie de circunstancias favorables. En 1903 se establecen en España dos nuevos grupos. El primero formado por hermanos procedentes de la provincia de Labacane que recorren el País Vasco en busca de un lugar donde instalarse, tras ser expulsados de Francia por leyes que hacen imposible la vida de las comunidades religiosas. Su destino será, finalmente, el pueblo de Oñate, una villa con una fuerte tradición cultural y una vieja universidad que se encuentra cerrada.
El segundo, formado por tres hermanos maristas procedentes de la casa de Aubenas se instala en Pontós, también provincia de Gerona.

Estas tres corrientes franceses se desarrollan por separado dando lugar a tres provincias maristas: la provincia que se llamó de España, con la base de los primeros maristas llegados a Gerona; la provincia de Anzuola, llamada así porque los maristas que llegaron a Oñate instalaron muy pronto su noviciado en esa localidad, y la provincia de León, ya que los maristas de Pontós empezaron pronto su labor educadora en el noroeste español.

La escasez de escuelas y una buena pedagogía, claves del éxito
La aparición de los maristas no pudo ser más afortunada. En España son años de escasez de escuelas, el Estado no podía acometer la educación para todos los ciudadanos, y menos soportar los gastos de creación y mantenimiento de una infraestructura docente nacional. Ésta fue una de las razones, pero no la única, de la rápida acogida de la Institución. El mismo año de su instalación en Gerona, los hermanos franceses reciben peticiones desde localidades cercanas para que funden escuelas en ellas. La vitalidad de los maristas en España se manifiesta con suma rapidez. En 1890 ya había 8 casas con 70 hermanos y más de 1 000 alumnos. En 1900, los maristas tienen en España 30 casas con 287 hermanos, 120 aspirantes y 5 160 alumnos. Y en 1930 hay 92 casas con 1 126 hermanos y 2 506 alumnos.

Desde sus inicios en 1886, hasta la guerra civil española, la Institución fundó más de un centenar de colegios (108 para ser exactos), repartidos por todo el territorio español, llegando incluso al protectorado de Marruecos.

Ahora bien, la clave del éxito del Instituto marista en tierras españolas tiene también su causa en las características pedagógicas de la enseñanza que realizaba. Una pedagogía integral, que coordinaba todas las materias necesarias y mantenía una preponderancia en formación religiosa. El maestro era algo más que un mero actor esporádico que trabajaba en el aula rodeado de niños; el maestro marista se colocaba en medio de los alumnos, vivía con ellos y entraba en su vida, indagando y preocupándose por todos sus problemas.


Sencillos, humildes y modestos

Además, los hermanos eran sencillos, humildes y modestos. Tres virtudes difíciles de encontrar y que eran reflejo del enfoque que Champagnat dio desde un principio a su proyecto educativo hacia los pobres, fundamentalmente campesinos olvidados y las clases sociales más necesitadas. Otras características importantes de su sistema educativo fueron la insistencia en el espíritu de familia, el estímulo permanente de cada alumno y el fomento de la emulación y de la disciplina (alejada de determinados métodos de tiranía auténtica que proliferaban en las escuelas). Con este abanico de premisas pedagógicas no fue raro que el éxito los acompañara desde el primer día de clase.

La expansión y multiplicación de escuelas
La expansión a América es otro gran signo de vitalidad. Desde 1889, los maristas de España colaboran en Colombia. En 1899 llegan a México. En 1903 a Argentina. Luego vendrá Perú (1909), Chile (1911) y Venezuela (1925).

Las escuelas se multiplican con rápidez, extendiéndose hasta el sur. En el año 1944 los maristas se reestructuran en cuatro territorios: Bética, León, Levante y Norte.

Desde 1944 hasta 1959 los colegios debieron adaptarse al ritmo de los tiempos, apareciendo un nuevo tipo de centro educativo que se denominó «centro integrado», que concentra las aulas dispersas de toda una región o comarca en enormes edificios.

En ese año,1959, se hace una nueva división quecon siete provincias: Bética, Castilla, Cataluña, León, Levante, Madrid y Norte, que luego con la reestructuración se convertirían en las cuatro actuales: Compostela, Ibérica, L’Hermitage y Mediterránea.

La dimensión misionera, siempre viva

«Todas las diócesis del mundo entran en nuestras miras». Estamos en 1837 y así es como Marcelino Champagnat responde desde su cuarto de l’Hermitage a una carta de su buen amigo y sacerdote Jacques Fontbonne, que lleva dos años trabajando en Estados Unidos y le pide hermanos que vayan a evangelizar en América.
Marcelino está lejos de imaginar que la familia religiosa que había fundado justo 20 años antes, en 1817, extendería sus ramas hasta cubrir los 5 continentes. «Llegará el momento en que las circunstancias nos permitan enviar hermanos también a América», le cuenta a Fontbonne.

Expansión universal

La dimensión misionera del carisma marista ha estado siempre viva, sobre todo desde que en el año de 1836 Marcelino enviara a tres hermanos para acompañar al grupo de padres maristas, a quienes se había confiado la misión de la Polinesia. Jean Marie Delorme, con apenas 19 años, era uno de esos jóvenes llenos de entusiasmo. Rompieron las fronteras estrechas de esos valles franceses que les vieron nacer para abrirse a las dimensiones del mundo.

Al acabar el siglo XIX, los hermanos maristas estaban ya presentes en 19 países, no sólo europeos, como Bélgica, Inglaterra, Escocia, Irlanda, España, Suiza o Italia. La expansión cruzó los mares hasta América (Canadá, Estados Unidos, Colombia, Brasil, México); Asia (China, Turquía, Líbano); África (Egipto, África del Sur, Argelia, Seychelles) y hasta la lejana Oceanía adonde habían llegado los primeros misioneros: fundaciones en Australia, Nueva Zelanda, Nueva Caledonia, Samoa y Fiyi.
La supresión, en 1903, de las congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza en Francia, es ocasión para que muchos hermanos salgan del país tanto a reforzar presencias existentes como para crear otras nuevas. Entre 1903 y 1943, los maristas se hacen presentes en 30 nuevos países de los 5 continentes. Hay lugares donde la obra educativa duró sólo algunas décadas y, por distintos motivos, los hermanos se vieron obligados a retirarse. Tal es el caso de Turquía, Irak, Egipto, Marruecos, Polonia o Indonesia.
A principios de este siglo XXI tuvo lugar en todo el mundo marista un proceso de reestructuración, buscando una mayor vitalidad, internacionalidad y colaboración. Esto dio origen a 29 Unidades Administrativas, formadas en su mayoría por varios países. En el nuevo mapa de la Europa marista, España aparece unida a otros países como Portugal, Francia, Honduras, Rumanía, Grecia, Hungría, Italia y Líbano.

A partir de 2005 hemos vivido la última expansión del Instituto. De los muchos que se ofrecieron voluntarios para potenciar la presencia marista en Asia, hoy tenemos 40 hermanos y 5 laicos que han hecho posible abrir 12 comunidades en varios países del gran continente: Camboya, Bangladesh, Tailandia y otros.
Actualmente el Instituto de los hermanos maristas está presente en 79 países de los cinco continentes.
Los hermanos maristas han ido encarnándose en las diversas regiones del globo. Las vocaciones religiosas florecen en otros lugares y Marcelino sigue alegrándose de ver a sus hijos con rasgos orientales, bantúes, nilóticos, indios, árabes, indígenas, mestizos: con los rasgos fisionómicos de las distintas razas. Ya no hablan solamente el dialecto francés de los orígenes. La universalidad del Instituto se expresa también en la diversidad de lenguas de nuestro planeta: educan, dialogan y evangelizan en guaraní y en swahili, en árabe y en criollo, en mandarín y en cingalés, en magiar y en tamil… en las lenguas del estado español y en las variadas y numerosas lenguas nativas de muchos países africanos y de las islas del Pacífico. En las reuniones y publicaciones internacionales son 4 las lenguas de uso ordinario: francés, español, inglés y portugués. Por encima de las diferencias lingüísticas y culturales prevalece el valor de la fraternidad, que nos hace reconocernos como lo que somos: hermanos.

Una pedagogía que educa en la Solidaridad
El carisma marista, fuertemente influenciado por la presencia de María, se expresa en la misión educativa, tanto en obras de educación formal como no formal, en la catequesis, en la pastoral juvenil, en obras sociales… allí donde los jóvenes requieren la presencia cercana del hermano. Así, los hermanos maristas han encontrado carta de ciudadanía tanto en la milenaria cultura de Corea como en el pluralismo religioso del Líbano; en los países de tradición cristiana como España o en países islámicos como Pakistán; en las tradiciones ancestrales de las islas del Pacífico o en las calles conflictivas del Bronx neoyorkino; en el altiplano boliviano o en las selvas ecuatoriales del Congo y del Amazonas; en la meseta castellana o en la casba argelina.

Tenemos pequeñas escuelas rurales y grandes colegios que siguen siendo punto de referencia en muchas grandes ciudades. En todos ellos se siguen formando generaciones de buenos cristianos y honrados ciudadanos. Algo parecido sucede con las grandes obras que se han ido desarrollando desde Laval (Canadá) a Buenos Aires (Argentina); desde Kutama (Zimbabwe) a Kumasi (Ghana); desde Sydney (Australia) a Hong Kong. En muchos casos, estos grandes colegios han favorecido la creación de escuelas en barrios desfavorecidos. Siempre prevalece la pedagogía marista, el deseo de evangelizar y de educar en Solidaridad.
La misión marista ha alcanzado también niveles universitarios. Hay actualmente unos 30 centros (Universidades e Instituciones de enseñanza superior). Fieles al espíritu de nuestros orígenes, han florecido numerosas obras sociales de atención a los necesitados o a minorías marginales. Señalamos, entre muchas, los Hogares para niños de la calle en Rumanía, el trabajo con los indios Tarahumara en México, con la población del Quiché en Guatemala, con las castas bajas de India o Bangladesh, con comunidades gitanas de Hungría o con los aborígenes australianos. La última presencia, en Sudán del Sur, es un ejemplo de colaboración intercongregacional.
En el corazón de cada marista sigue vivo el deseo de evangelizar educando. A veces es una simple presencia silenciosa de testimonio, como en Argelia; en otras presencias se favorece el diálogo interreligioso, como en Sri Lanka, Pakistán o India. En muchos lugares el evangelio se anuncia y se explicita con toda una labor de Pastoral juvenil que llega a millares de jóvenes en todo el mundo.
Una de las iniciativas más recientes ha sido la creación de FMSI, una ONG internacional, reconocida por las Naciones Unidas, que tiene como objetivo la defensa y promoción de los derechos de los niños. Tiene sedes en Roma, Ginebra, Bangkok y Santiago de Chile. Junto a ellos, numerosas ONGs en todo el mundo (bien conocida es SED en España) canalizan el esfuerzo solidario de todo el Instituto hacia las zonas más desfavorecidas.

Los laicos, un valor en alza
Hablar de los maristas en el mundo no puede reducirse a hablar sólo de los hermanos. El protagonismo de los laicos en la Iglesia se expresa con fuerza en nuestro ámbito marista. No hablamos sólo de los más de 50.000 laicos que colaboran en las diversas obras maristas. Hay cada vez más personas que se sienten tocadas por el carisma. El Capítulo general de 2009 hizo reconocimiento público de la vocación laical marista y habló del futuro del carisma como un futuro de comunión.
Ya desde 1985 existe el Movimiento Champagnat de la Familia Marista, que ha ido creciendo y evolucionando. Actualmente podemos hablar de unas 3.200 personas reunidas en 270 fraternidades y que muestran el rostro laical del carisma. Ciertos grupos han formado comunidades mixtas, en algunos casos viviendo en la misma casa: actualmente hay unas 25 comunidades con unas 110 personas, hermanos y laicos, que comparten vida, espiritualidad, carisma y misión.
Existe igualmente un número difícil de determinar de “grupos maristas” que, inspirados por el mismo carisma, buscan apoyo mutuo para el crecimiento en la fe, relaciones fraternas, vivencia de la espiritualidad y compromiso en la misión.
Para coordinar todas estas expresiones de vida laical marista se ha constituido en Roma un Secretariado de Laicos, formado por dos laicos y un hermano. Existen también comisiones en cada región del Instituto. A nivel mundial hubo una Asamblea Internacional de la Misión Marista en Mendes, Brasil, y próximamente se celebrará otra en Nairobi, Kenya. Marcelino Champagnat, cuya santidad fue reconocida por la Iglesia en 1999, plantó esta semilla que hoy es un gran árbol extendido por todo el mundo. Formó una familia que ha dado frutos de santidad, incluso hasta el martirio. Los maristas de todo el mundo seguimos sintiendo la llamada a reflejar el rostro mariano de la Iglesia.